No es una justificación: lo mío es la ingenuidad.
Por lo general estoy dispuesta en creer en la gente, en trabajar con la gente y construir con la gente.
Sin embargo, a veces (por suerte muy pocas), la gente no lo ve así.
No tengo la verdad absoluta, pero creo que las personas tratan a los otros respecto a sus propias creencias y formas de ver el mundo. Por ejemplo, yo siempre he creído que las personas son esencialmente buenas, y que las experiencias las han hecho que desarrollen una manera de ver el mundo y en relación a esta forma de ver al mundo actúan "bien o mal" (depende de quién las juzgue). Para mí, al final de cuentas, si las acciones responden a su esencia y a lo que la gente ama, están bien, porque demuestran congruencia.
Entonces trato de comprender y no juzgar (trato, dije). Pocas veces me verán meterme con otros por lo que hacen, dicen o piensan.
Uno quisiera que todos fueran así, pero a veces, en el camino te encuentras con gente que tiene la idea de que los demás son solo buenos o malos, y que actúan “siempre” de acuerdo a esa naturaleza de bondad o maldad: blanco y negro, sin matices. El punto es que definimos la bondad o maldad de “los otros” tomando como modelo nuestra propia forma de ser.
Imaginemos una situación cotidiana, vamos en el auto manejando y distraídos, absortos en la innumerable cantidad de problemas que los adultos tenemos. Por esta misma distracción, cambiemos de carril y de manera no intencionada nos metemos en el camino de otro conductor que obviamente se molesta y cuya reacción puede ser diversa. La mayoría de ellos insultará y seguirá su camino, pero hay personas a las que se les arruinará el resto del día.
Bueno, yo soy una de esas personas que camina por la vida distraída y que a veces se mete en el camino de los demás, y así me he ganado algunos enemigos: por mi forma de ser y por mi forma de caminar y de conducir. Me convierto en el foco de odios, sin buscarlo.
De pronto soy –para ese otro- una persona esencialmente mala, que actúa por maldad y que todo lo que hace tiene la intencionalidad de “hacer enojar”; pero lo malo no es esto… lo peor es que pocas veces me doy cuenta. Ya dije: lo mío es la ingenuidad.
