miércoles, 11 de septiembre de 2013

Pensar y compartir en la Red

Escenario 2

Genís Roca hace un planteamiento interesante sobre la evolución humana y la educación. Para él, la revolución actual es sorprendente porque por primera vez en la historia convergen en una misma tecnología un modo de ganarse la vida y un modo de generar conocimiento: Internet. Además, esta revolución se está viviendo en una misma generación. El paradigma del consumo-producción y publicación de la información y del conocimiento se están modificando gracias al diferentes tecnologías y aplicaciones que ofrece la web. A decir de Genís, dos generaciones atrás, los individuos sólo consumían información; la generación previa al internet, podía producir algo de información, pero no cualquiera publicaba como lo hacen actualmente, y con mucha naturalidad, algunas personas.

El paradigma del consumo-producción-publicación de la información tiene como consecuencia una generación  hiperbólica de la misma (Brey, 2011). Las repercusiones que estos dos fenómenos tienen para nuestra vida cotidiana en todos los ámbitos, incluyendo el educativo, es innegable.
Este cambio de paradigma del que habla Genís es sumamente interesante, sin embargo, en lo personal no creo que se trate de un asunto generacional, es más bien algo cultural.  Me parece que más allá de ser “nativos” y “inmigrantes” digitales (como lo sugiere Marc Prensky) somos “habitantes” (algunos, muy salvajes todavía) con diferentes niveles de adaptación y que estamos tratando de convivir y entender este espacio.

El simple hecho de concebir de diferente manera el paradigma de la producción-consumo-publicación de la información ya nos hace entender de otra forma lo que significa habitar, participar en la red, y por lo tanto, pensar en la red.  Mientras que algunos todavía dudamos si vale la pena publicado, otros publican sin considerar las consecuencias (podemos ver el ejemplo de las victimas del Facebook).

Sumado a este cambio de paradigma, retomando el argumento de Brey (2011) sobre la obsolescencia cognitiva ante la producción actual de información, es decir, sobre el riesgo cada vez más evidente de que no tenemos la capacidad cognitiva para procesar tanta información; y que no sabemos qué hacer con ella, nos hace cada vez más ignorantes y confundidos.

Creo que es fundamental hacerle caso a Brey y convertirnos en “perfectos bibliotecarios” que “naveguemos por medios telemáticos a través de la biblioteca-universo.” (2011, p. 14). Hay muchas distracciones en la red, hay mucha información que potencialmente puede convertirse en conocimiento, siempre y cuando tengamos esas capacidades de construir y reconstruir la información.

A la pregunta de si ¿con la red, cambia el modo de aprender?,  me arriesgo a considerar que no es la red, es lo que hagamos en la red lo que puede cambiar nuestras formas de aprender. Internet nos ofrece un sinfín de oportunidades que tienen que ver con contactar y conectar a gente que antes no creíamos capaces de acceder, nos posibilita interactuar más y mejor en cualquier momento en cualquier lugar; nos posibilita relacionarnos a pesar de las distancias, crear vínculos y quizá muchos de ellos se conviertan en relaciones sólidas… pero para lograrlo, los ciudadanos desconcertados (y salvajes) de la red, tenemos que aprender a pensar en red, a aprovechar todas las posibilidades que ésta nos ofrece y estar preparados para los peligros que antes no habíamos conocido.

Quizá vale la pena que veamos el paradigma de consumir-analizar-producir y compartir como un proceso iterativo; que la información llega a nosotros, es procesada y compartida… y con suerte, regresará reconstruida y mejorada.

El aprendizaje se convierte entonces en algo que se construye de forma compartida, como un aprendizaje que se hace colectivo. Tiene mucho sentido ahora decir que somos gracias a los otros.

Es decir, “no es importante saberlo todo, lo importante es tener el correo electrónico de quien lo sabe”. Quizá podemos saber “una parte” y juntos construir el elefante completo como en la parábola de los siete sabios. Pero para que esto sea posible, la participación de todos es fundamental, cada quien tiene que compartir "su parte".  
Siendo muy idealista (¿más?),  creo que algún día logremos contrarrestar a la sociedad de la ignorancia de la que habla Brey, y  en la que según yo, ya estamos inmersos.




viernes, 6 de septiembre de 2013

Mis sueños, mis miedos

El León de Lucerna, Suiza
Hace muchos años tuve un sueño muy raro, de esos que parecen tan reales que te preguntas si tienen algún significado importante en tu vida.

No recuerdo el inicio ni el desenlace; sólo me quedan recuerdos de algunas imágenes, como pequeños cuadros de una película, fragmentos de una de fantasía.

Iba sola y llegué a un lago grande y cristalino; en medio, había una montaña de la cual caía una cascada. El lago, la cascada y la montaña transmitían tranquilidad... por lo menos esa era la sensación inicial. 

Al acercarme un poco a la montaña pude ver un palacio tallado en las rocas. Cada vez que estaba más cerca, los detalles de las torres, las ventanas y la puerta hacían que el palacio fuera más hermoso. 
Yo quería entrar y empecé a buscar la manera de cruzar el lago. Lo que no había visto es que detrás de la cascada estaba un enorme león custodiando la puerta. Al verme, el león se puso inquieto y empezó a rugir,  y a caminar desesperado de un lado a otro - por suerte, él tampoco tenía forma de cruzar el lago. De la nada, como sucede en los sueños, llegó "un caballero sin armadura" que tranquilizó al león e hizo que nos alejáramos para no molestarlo. 

Desperté con la sensación de que el sueño había sido real, todo el día estuve pensando en eso, pero no le encontré significado alguno. Redacté una nota describiendo lo que había visto, lo que había sentido y lo olvidé. La nota existe, tiene fecha del 11 de agosto de 2003. 

Diez años después entiendo que estaba nerviosa, que tenía miedo porque ese año había terminado la licenciatura en Letras y en quince días más empezaría con mi primer trabajo de maestra en una secundaria femenil... ¡El león me estaba advirtiendo que no entrara! Que "afuera" la vida era más tranquila. ¿Será?

Y de verdad, ese trabajo fue decisivo en muchos sentidos. Lo sufrí como ninguno otro, aprendí lo que en ningún otro lado pude haber aprendido sobre docencia; pero sobre todo, encontré mi vocación:  la educación (masoquista, al final de cuentas).

No volví a pensar en esto hasta hace unos años cuando alguien publicó la imagen del León de Lucerna en el Facebook. Cuando la vi, no lo podía creer... así y exactamente así como se ven el lago y la cueva (me hicieron falta la cascada y los detalles del palacio) es como lo había soñado. Son los mismos colores, las mismas sensaciones que provoca, incluso el mismo ángulo. 

Investigué la imagen (en Google). Se trata de un monumento que conmemora la muerte de 700 soldados suizos en una batalla en contra de los franceses. Esto no tiene mucho que ver con mi sueño, pero la expresión del león me hizo preguntarme sí de plano así me sentía en aquel entonces. 

Seguramente sí, y quizá debí haberle hecho caso y como en el sueño pasar de largo, no intentar entrar al palacio (a la docencia). Pero definitivamente fue necesario haber vivido la experiencia y el reto de "intentar" educar a niñas que no querían ser educadas; para entender que el papel de los maestros es buscar de manera constante cómo "llegar", interesar y motivar al otro. Porque al final de cuentas, sin el "otro" no hay aprendizaje. Y aquí estoy, buscando y experimentando cómo enseñar, para que el otro aprenda. Y tal parece que esta búsqueda nunca termina.

Recordar esto me hace darme cuenta como estamos hechos de historias, y como estas historias nos marcan y nos forman. Poco a poco la vida, en pequeños fragmentos -reales y fantásticos- nos va indicando el camino. El asunto es hacerle caso. 

Nota. Ojalá algún día pueda ir a Lucerna a ver al león en persona.