lunes, 8 de julio de 2013

La educación

¿Por qué seguir creyendo? Porque quiero. ¿O no es el credo una cuestión de fe? Y la fe un acto de esperanza...
Ya no hay marcha atrás... estamos enfrascados en una situación desalentadora, deshumanizada,  desesperada... que quizá no valga la pena retomar en este espacio (basta prender la tele, buscar noticias, escuchar los temas de conversación diarios). Pero aún, viviendo dentro de esta vorágine que nos marea, existen voces alentadoras que proponen no perder la fe. Castells (1999) dice “No hay otro remedio que navegar en las encrespadas aguas globales […] es esencial, para una navegación ineludible y potencialmente creadora, contar un una brújula y un ancla”, analógicamente se entiende que la brújula es la educación, que indica el camino a seguir, y el ancla la identidad cultural de cada pueblo.

Son dos los elementos importantes: la educación, como formadora, humanista, creativa; y la identidad cultural como resistencia a la homogeneización occidental.
¿Pero por qué la educación como un instrumento libertador? La idea de utilizar a la educación como un instrumento de desarrollo y progreso no es nueva. Surge con los pensadores del siglo XVIII, como Rousseau,  partidario de una educación democrática, amplia y libre de prejuicios, formadora de ciudadanos honestos y amantes de su patria, con el instrumento de la libertad. En Latinoamérica, el mismo Bolívar afirmó: “Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción”.

Paulo Freire se expresa en esta misma tónica. Este pedagogo veía en la deshumanización una de las principales consecuencias de la opresión. Uno de los conceptos fundamentales de Paulo Freire es la oposición entre la Educación bancaria y le Educación problematizadora, en donde el diálogo será libertador. Por medio de este concepto, se entiende a la educación no como un “depósito de conocimientos entre el educando y el educador”, en ésta se propone una situación dialógica, en donde la reflexión, con miras de la construcción del conocimiento se orienta hacia la acción y la reflexión de los hombres sobre la realidad, y por lo tanto a la búsqueda de la transformación de la realidad, en la que el opresor y el oprimido encontrarán la liberación humanizándose. A partir de esta visión, vemos a la educación como un instrumento para el diálogo, para el entendimiento, la acción y la reflexión, con el objetivo de transformar el mundo (Freire, 1985).

De acuerdo con estos pensadores, se le otorga a la educación todas las virtudes transformadoras y revolucionarias para el cambio del mundo. Sin embargo, no es así. La educación sólo es un elemento, necesario, en el cual los educadores tienen una gran responsabilidad, pero ambos, educadores y educación, tienen sus limitantes. Por otro lado, siempre estará sobre la mesa de discusión que la educación no es la misma para todos y que no todos tienen acceso a ella.

Para la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI, la misión principal de la educación es “impartir a todos, sin excepción, hacer fructiferar todos sus talentos y todas sus capacidades de creación, lo que implica que cada uno pueda responsabilizarse de sí mismo y realizar su proyecto personal” (Delors, 1996).

¿Cuál es entonces la función de la educación?
La educación tiene una doble misión: enseñar la diversidad de la especie humana y contribuir a una toma de conciencia de las semejanzas y la interdependencia entre todos los seres humanos” (Delors, 1996, p. 99).

Para conocer a otros seres humanos, hay que conocerse a sí mismo, de tal manera que desarrolle la capacidad de ponerse en el lugar de otros. Entonces, enfrentamiento, mediante el diálogo y el intercambio de argumentos, será uno de los instrumentos necesarios para la educación del futuro. La educación debe ofrecer, para lograr a la toma de conciencia de las semejanzas de todos los seres humanos, experiencias de trabajo en conjunto, donde los participantes tengan vayan hacia una meta común.

La educación debe desarrollar en sus estudiantes el autoconocimiento y el pensamiento crítico-autónomo; la cooperación y el entendimiento, la tolerancia  y la empatía,  el fomento de la pluriculturalidad, el sentido de democracia, el respeto y convivencia entre todos los seres vivos.
Por eso creer, porque de otra manera, estaremos perdidos.


Ideas recuperadas de mi tesis de maestría: Evaluación de competencias comunicativas… Capítulo 1, Marco contextual

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